Coloreando con mi niño interior

Dibujo libremente. No me guío por ninguna regla que no sea la de la intuición. Le doy rienda suelta a la danza que mi mano ansía bailar y me despojo de los tabúes que podrían frenarme. Sí, dibujo como niño, definitivamente estoy lejos de hacerlo de forma profesional, pero ¿a quién le importa?1237476305180_f

Guardo el lápiz negro sin ritual de despedida porque sin duda alguna pronto nos volveremos a ver, y le doy traspaso al segundo acto de mi relajación emocional. Abro la caja de lápices de colores, les saco punta y los preparo para el baile: no van a parar.

Al revés de lo que se podría suponer, las líneas no me limitan, coloreo sin cuidado mi dibujo indigno de exposición de arte pero lo hago muy feliz y despreocupada. Me divierto y saco a pasear a mi niño interior. No combino los colores, no presto atención a la estética, me río y no dejo de sonreír.

Va cayendo el sol y es hora de cerrar la caja de los lápices y guardar a mi niño interno, pero éste se rebela y antes de volverse a dormir por tiempo indeterminado osa decirme: “no me duermas del todo, no seas “tan adulta” ,no te aburras de colorear entre líneas, seguí disfrutando y sonriendo, no me olvides. No me duermas del todo, divertite y mucho, que al fin y al cabo ¿a quién le importa sino a vos?

Así fue que mi niñez le dio una gran lección a mi pseudo adultez: un reto y una caricia.


4 respuestas a “Coloreando con mi niño interior

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